jueves, 26 de septiembre de 2013

BOLIVIA: LAS PAMPAS DEL AMAZONAS

Del 9 al 13 de Agosto 2013


SELVA AMAZÓNICA: LAS PAMPAS

Búsqueda de anacondas en zonas de humedales.
Por fin llegó la esperada inmersión a las pampas del Amozonas,
con todo lo que ello implica...

Nuestro paso por la capital de Bolivia, La Paz, fue fugaz. Llegamos la noche previa desde Copacabana (25 BOB, 4h), dormimos y la mañana siguiente ya estábamos de nuevo con la mochila a cuestas para coger un nuevo bus.  Nuestro siguiente destino era Rurrenabaque, una pequeña pero ajetreada población situada en la cuenca del Amazonas. Es utilizada frecuentemente como lanzadera para los turistas interesados en visitar la selva tropical (PN Madidi) y/o la pampa amazónica. Nosotros queríamos visitar las pampas, la zona húmeda que rodea al río donde se puede ver una gran cantidad de animales. Max, el chico de Barcelona, continuó viajando con nosotros. En cambio, Camille tenía otra ruta totalmente diferente a la nuestra, así que nos despedimos de ella.

El trayecto a la selva amazónica es todo sin asfaltar.
Aqui  os dejamos una muestra de una "buena" carretera,...
nos fue imposible fotografiar las carreteras malas.
Cogimos un microbús (furgoneta para nosotros) desde el centro de la ciudad a Villa Fátima (1,5 BOB/persona). Allí se encuentran 3 o 4 compañías de bus  que ofrecen su servicio a Rurrenabaque (16-20h de viaje, dependiendo de las condiciones meteorológicas e imprevistos de las carreteras sin asfaltar). Casi todas salen a la misma hora (alrededor de mediodía) y tienen el mismo precio (70 BOB/persona); así que para decidir qué compañía escoger es importante mirar los autobuses por dentro y ver cuál es más cómodo. Nosotros lo compramos con la Compañía Yungueña, que ofrecía asientos semicama y eran anchos y cómodos. Teóricamente tenía que haber salido a las 11.30h, pero como ya esperábamos se retrasó una horita.
Con el autobús, lleno a reventar de todo tipo de carga que os podáis imaginar, partimos hacia las puertas de la selva amazónica. El viaje fue “entretenido e interesante” por decirlo de alguna forma suave: carretera sin asfaltar con lo que hay un traqueteo continuo, deslizamientos de tierra que bloquean el paso durante horas, barrancos profundos con carreteras muy estrechas por donde se sale una rueda al girar, niebla para hacer el trayecto más interesante,…  ¡Tuvimos 18h de pura adrenalina!

4x4 con el que hicimos el trayecto Rurrenabaque - puerto de Santa Rosa.
A las 6.30 am de la mañana siguiente llegábamos a Rurrenabaque. Nos dirijimos a su calle principal, que está repleta de agencias de viaje y esperamos a que abrieran. No tardaron mucho… Preguntamos tipos de excursiones y precios, aunque casi todas ofrecen lo mismo. Y cogimos el tour a las pampas de 3Días/2Noches (500 BOB/persona con todo incluido, excepto la entrada al río Yacuma 150 BOB/pers), en un grupo de 8 personas en la agencia Sunset. Así que preparamos las mochilas pequeñas con 2-3 camisetas, el bañador y el spray antimosquitos, dejamos el resto en la agencia y comenzamos nuestra inmersión en el Amazonas.
Aquí está el grupo de personas que convivió con nosotros estos 3 días:
De izquierda a derecha: Mat (británico), Daniel (el guía), Bart (el turco), Marc y yo, Daniel (chileno), Anouk (holandesa), Max (catalán, de Barcelona) y Doris (chilena).

Nuestro grupo lo formamos Doris y su hijo Daniel (chilenos), Mathews (británico), Bart (turco), Anouk (holandesa) y nosotros tres. Salimos a las 9 am en un 4x4 que nos llevó hasta el puerto de Santa Rosa. Fueron 3 horas de carretera sin asfaltar, trotes y saltos… pero nuestros traseros ya se iban acostumbrarnos a este tipo de viajecitos. Comimos y fuimos al puerto donde nos montaron en una canoa. Nos presentaron a nuestro guía, Daniel, que nos mostraría los secretos de las pampas. Subiríamos por el río Yacuma hasta el campamento. Teóricamente el trayecto duraría 1h. El día era un poco frío y nublado, así que nuestro guía nos avisó que casi no veríamos animales… Pero nosotros nos quedamos anonadados con todo lo que vimos: caimanes, una cantidad de pájaros increíbles, capibaras, tortugas, monos y los delfines ROSADOS de río. ¡Increible!, era como haberse metido en un documental de National Geographic… Cada vez que veíamos algo, Daniel relentizaba el ritmo de la canoa, incluso paraba, se acercaba y nos explicaba todo lo que sabía del animal, tanto cosas científicas como historias que rondan por aquella zona. Finalmente tardamos casi 3 horas a llegar al campamento.




Tras dejar las cosas y elegir camas en nuestra cabaña entramos en calor con bebidas calientes y nos abrigamos para volver a coger la canoa. Tocaba ir a ver los caimanes por la noche. La superficie del río estaba repleta de puntitos naranjas, sobretodo en la orilla. Si lo enfocabas con la linterna veías claramente que eran los ojos de estos reptiles. No sabemos cuántos llegamos a ver, pero muchísimos, de todos los tamaños e incluso “babies”.

Por el día se pueden ver los caimanes tomando el sol y en esta posición...
¡¡pero no es que tengan hambre!!

Volvimos al campamento y cenamos comentado lo sorprendidos que estábamos de haber visto aquello. La noche fue fría, muy fría, cosa rara en la selva donde el tiempo suele ser caluroso y húmedo. Nos dijeron que sólo hay 2-3 días al año con ese tiempo, y nosotros éramos tan “afortunados” que cogimos uno de ellos. El único problema era que no había mantas y ninguno de nosotros llevábamos ropa de abrigo. Así que todos pasamos una larga y fría noche, a pesar de dormir con toda la ropa que llevábamos.

El segundo día en las pampas, tras desayunar salimos a la búsqueda de una anaconda. El día era soleado y el frío nos abandonó. Aquellos que pudimos nos pusimos botas de agua, ya que nos  teníamos que meter en humedales. Pero no había todos los números de botas y muchas estaban rotas, así que os podéis hacer una ligera idea como acabaron… Estuvimos caminando por diferentes humedales y durante más de 2 horas… pero no tuvimos “suerte”. Al final de la mañana, nuestro guía, que casualmente se había marchado al campamento porque se encontraba mal, apareció entre las hierbas con una anaconda. ¡Casualidad! O no…? Todos nos acercamos y la fotografiamos. E incluso la tocamos… ya que era muy muy mansa y tranquila, cosa superextraña en esta clase de serpientes y más si supuestamente era salvaje. Eso nos creó (a Marc y a mi) un poco de desconfianza… era casualidad que Dani hubiera encontrado la anaconda o bien como que no veíamos ninguna la trajo él ¿casualidad o causalidad? No dijimos nada al resto del grupo para no romper el “encanto” del momento…

Esta es la supuesta anaconda salvaje que vimos e incluso nos atrevimos a coger.

Después de comer y descansar un poco, marchamos con la canoa río arriba a probar suerte con la pesca de pirañas. Aquí aprendí que esta actividad no era lo nuestro, y además, no tuve mucha paciencia… Pescamos unos 10 peces, pero ninguno demasiado grande  como para comerlo… Pudimos disfrutar de nuevo, eso sí, de ver todos los animales que rodean el río. Nosotros con eso ya estábamos contentos. Para finalizar el día, nos llevaron a una explanada para ver el atardecer.









Estos son capibaras: el roedor más grande del mundo. Pueden llegar a medir hasta 130 cm de largo y pesar hasta 65 kg. Habitualmente viven en zonas húmedas próximas a ríos o lagos y en grupos familiares. 














También encontramos a este simpático coati en la orilla del río Yacuma.


Sin darnos cuenta, llegó el tercer y último día. Nos levantamos temprano para ver el amanecer y escuchar los sonidos que lo acompañan. Cuando el sol comenzó a iluminar los rincones del río y su vegetación, una orquestra de rugidos inició su música. Escuchamos la “melodía” de los Monos Aulladores que luego fuimos a buscar. Y también pudimos oír y ver los rugidos de los caimanes, es como si entraran en trance: ¡mientras rugen se puede ver como su cuerpo vibra sobre el agua! Verlo para creerlo, realmente increíble.

Amanecer.
Después de desayunar y recoger todas nuestras pertenencias, nos dirigimos a hacer nuestra última actividad en la selva: el baño con los delfines rosados. Solamente hay dos lugares en el mundo donde existe este curioso animalito: en el Amazonas y en el río Mekong (entre Laos y Camboya). Son muy similares a los delfines de mar, pero de color rosado-grisáceo y con un morro alargado. Generalmente van en grupo de 2-3 y son muy juguetones. Además nuestro guía nos explicó que podíamos bañarnos tranquilamente en el río con ellos, porque ellos (los delfines) se encargarían de que los caimanes no se acercaran… ¡Increíble!, ¿no? La gran mayoría de gente se echaron al agua y estuvieron entre ellos. Se podría decir que fueron los delfines quienes les tocaron y continuamente estaban a su alrededor echándoles agua. Yo no pude meterme… pero me morí de ganas de hacerlo. Aunque verlos ya cumplió mi sueño.

A mediodía los troncos del río estaban ocupados por tortugas como estas.
Volvimos al campamento a comer y a recoger las mochilas. Nuestra aventura por el Amazonas se había acabado… ¡corto pero intenso! Y con los objetivos más que cumplidos volvimos a la civilización. Canoa del campamento hasta el puerto de Santa Rosa. 3 horas en el 4x4 hasta Rurrenabaque, junto con la aventura de quedarnos sin gasolina… Finalmente llegamos a las 18h, y tras informarnos que sólo había un autobús de vuelta a La Paz a una hora indeterminada, decidimos esperar hasta la mañana siguiente y buscamos un lugar donde alojarnos.
Los caimanes no se asustaban con nuestra presencia.


Nos quedamos en la Residencial Lucy, situado justamente al lado de la terminal de autobuses (25 BOB/persona en habitación privada, baño compartido). Un lugar sencillo, económico y limpio.  Allí nos duchamos tranquilamente y descansamos para soportar las 18h de vuelta a La Paz que nos esperaban al día siguiente.

El trayecto Rurrenabaque-La Paz lo volvimos a realizar con la misma compañía de autobuses, Yungueña. Esta vez no tuvimos tanta suerte, el autobús era más antiguo y un poco más incomodo… pero la amabilidad del conductor con nosotros lo compensó. 
¡¡Ante golosinas como frutas los monos perdían toda su vergüenza!!

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